Cine: buen nivel en las primeras jornadas de la competencia internacional de Mar del Plata

Espectáculos 21 de noviembre Por
La Competencia Internacional del 32do. Festival de Cine de Mar del Plata arrancó en sus primeras jornadas con un buen nivel de propuestas, entre las que se destacan la estadounidense “Columbus” y la portuguesa “Ramiro”.

Dirigida por el crítico de cine y ensayista visual coreano Kogonada, “Columbus” es una ópera prima que por su delicadeza y equilibrio visual y por su amabilidad y profundidad narrativa parece haber sido filmada no por un debutante, sino por un cineasta con muchísimos años de trayectoria y otras tantas películas a cuestas.
Protagonizada por el coreano John Cho y la estadounidense Haley Lu Richardson, dos ignotos actores que brillan tanto en la pantalla que tendrán seguramente un futuro prominente en el cine, la primera película de Kogonada está situada en Columbus, Indiana, una ciudad del medio oeste estadounidense que se caracteriza por contar con algunas de los edificios modernistas más bellos y vanguardistas.
Allí, un famoso especialista en ese estilo de arquitectura cae repentinamente enfermo y su hijo llega desde Corea del Sur para hacerse cargo, pero lejos de acompañarlo en el hospital se dedica a perder su tiempo recorriendo la ciudad, hasta que conoce a Casey, una joven bibliotecaria aficionada a la arquitectura, que se convertirá en su guía y, con el paso de los días, en su amiga más confidente.
Mientras recorren diferentes espacios y edificios para contemplarlos pausadamente, va creciendo un entre ellos cariño que a veces se confunde con amor, al mismo tiempo que comparten sus dudas emocionales, sus sueños, expectativas y necesidades, además del deber que sienten respectivamente hacia sus familiares: él hacia su padre en el hospital y ella hacia su madre, ex adicta en proceso de recuperación.
Con un pulso narrativo tan sólido como armonioso, Kogonada retrata con sutileza esos momentos aparentemente insignificantes de contemplación, que en realidad se convierten en absolutamente trascendentes para los protagonistas, a quienes los transforma interiormente, permitiéndoles ver -en ese intercambio de emociones y palabras cálidas- lo que realmente quieren para sus vidas.
Por su parte, la película portugesa “Ramiro”, dirigida por Manuel Mozos y protagonizada por
António Mortágua, retrata la vida cotidiana -llena de sinsabores y de algunas alegrías insignificantes- del protagonista, un poeta que dejó de escribir hace varios años y vende libros en un local en Lisboa, donde está acompañado de su viejo perro, una vecina adolescente y embarazada de quien él es padrino, la abuela de la chica y un vecino que viene todos los días a leer y ayudarlo con el trabajo.
La película ofrece una extraña belleza, cansina y melancólica, que a pesar de la monotonía y el malestar interior de Ramiro, va iluminando el andar de este hombre sin ánimos, cansado de vivir y de luchar contra su aburrimiento, a quien sólo lo conmueve la historia del padre de su ahijada, un carpintero que está preso en la cárcel por haber asesinado a cuchilladas a su esposa.
Otro de los filmes que se presentaron en la Competencia Internacional fue “Good Luck”, del cineasta experimental estadounidense Ben Russell, un viaje documental etnográfico pero a la vez lisérgico que conduce al público a las profundidades de una mina en Serbia y luego a otra a cielo abierto en Surinam, en el Caribe.
Russell registra de manera inmersiva el sacrificio y la alienación cotidiana de los trabajadores de dos minas: una ubicada en Serbia, 400 metros por debajo del suelo y administrada por el Estado, y otra que opera a cielo abierto en Surinam, de manera ilegal. 
Filmada en 16 milímetros casi de manera individual, la película se extiende en largos planos secuencias que siguen a sus protagonistas y sumergen a los espectadores en las profundidades abisales de la mina serbia o los confronta con los mineros caribeños, siempre con la intención de hacerlos participar de una especie de ritual cinematográfico, como si pudieran entrar en un trance de LSD.
La cuarta de las películas en competencia es la ucraniana “5 Therapy”, ópera prima de Alisa Pavlovskaya, una cruza entre ficción y documental basado en las cinco novelas autobiográficas del artista ucraniano Stas Dombrowski, un ex adicto a las drogas y criminal que, a los 17 años, se enteró que estaba enfermo de Sida y se sumergió en un oscuro proceso de autodestrucción.
Si bien es impactante, la película de Pavlovskaya peca de sensacionalista, explicitando a cada momento la sordidez de las situaciones que el protagonista vive en las calles, llenas de adictos a la heroína, o en la cárcel, donde se vive un infierno cotidiano.
Dombrowki fue finalmente liberado por problemas de salud en 2007 y poco a poco logró salir del pozo en el que estaba, transformando sus nefastas experiencias -a través del arte- en un método de ayuda para otros que pasaron los mismos problemas que él.

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