Se presentó el nuevo Observatorio Argentino para el Desarrollo Sostenible

Sociedad 03 de octubre de 2021 Por Redacción
Se trata de un grupo de profesionales e investigadores con la premisa de “generar una economía sana, con la responsabilidad de un ambiente sostenible”. En la presentación estuvieron Natalia Casadidio, Claudio Scaletta, Eduardo Crespo y Alejandro Fiorito.
Lanzamiento OADES2

El Observatorio Argentino para el Desarrollo Sostenible (OADES) realizó el último miércoles su lanzamiento a través de un webinar en el que expusieron miembros del Consejo Directivo que hicieron hincapié en “generar una economía sana, con la responsabilidad de un ambiente sostenible”, como planteó la socióloga Natalia Casadidio.

Participaron además del lanzamiento el economista y periodista Claudio Scaletta; el doctor en Economía y politólogo Eduardo Crespo; y el economista Alejandro Fiorito, con la moderación de Diego Hernández, también miembro fundador de OADES, e ingeniero en Minas y especialista en dirección de organizaciones.

Casadidio fue la encargada de presentar el espacio, al que describió como “una organización sin fines de lucro”, en la que “somos muchas personas de distintas partes del país que estamos comprometidas con el desarrollo sostenible, entendido desde la tríada ambiente, sociedad y economía”.

“No podemos entender al desarrollo sostenible solo desde la economía olvidándonos del ambiente y de la sociedad. Y tampoco podemos focalizarnos en el ambiente sin pensar en la búsqueda de bienestar que todos los habitantes del pueblo argentino tienen. Sabemos que viene de la mano de actividades productivas, y de generar una economía sana, a través de un ambiente sostenible”, resumió.

Transición energética

En tanto, Scaletta se preguntó “¿por qué los economistas estamos preocupados por los temas del ambiente?”, y dijo que “desde la revolución verde, después de la segunda posguerra, con el desarrollo de los Estados de bienestar, con la profundización de los procesos de urbanización en la segunda mitad del siglo pasado, se intensificó en el planeta el uso de la energía”.

Comentó en este contexto que “el siglo XXI va a ser el de la transición energética, sin dudas”. Agregó que “cuando hablamos de las emisiones de carbono, la gente que no investiga estos temas tiende a asociarlo con la actividad industrial, con los vehículos, el transporte y demás. Pero en realidad lo que más aporta a las emisiones de carbono es la producción de energía. Y tenemos el problema del calentamiento global”.

Sostuvo que “se han desarrollado algunas líneas de pensamiento que dan respuestas a esta problemática”, y comentó que “en estas charlas nos planteamos si existe una dicotomía entre ambiente y desarrollo”.

“Creo -afirmó- que la resolución de los problemas ambientales es una función del desarrollo. Cuanto más desarrollo consigamos, vamos a ir resolviendo esos problemas ambientales. Si miramos cuáles son los países que han resuelto sus problemas ambientales, son los más desarrollados, no los menos desarrollados”.

Falso ambientalismo

Criticó en este sentido al “falso ambientalismo”, porque “todas las propuestas que hace no reducen la emisión de carbono”.

“Por ejemplo, el gran enemigo de este falso ambientalismo es la megaminería, como si en el capitalismo avanzado se pudiera producir a pequeña escala. Y otro de los enemigos son los transgénicos, la agricultura moderna que permite que alimentemos a 8.000 millones de personas”.

En este aspecto concluyó: “Proponemos desde OADES mostrar estos procesos productivos”.

En tanto, Alejandro Fiorito hizo un repaso de la evolución reciente de las ideas sobre ambiente, desde los años 70.

Dijo que estas ideas “apuntan a un cambio de consumo, que mezclan con una visión de salida del sistema capitalista”. Criticó en ese sentido lo que llamó los “modelos de decrecimiento que promueve la visión prohibicionista”.

Desacoples con cambios técnicos

Eduardo Crespo comentó en su exposición que “el ser humano está inserto en el ambiente, y sus condiciones de existencia siempre dependieron de condiciones y restricciones ambientales”.

“La historia del ser humano es la historia de desacople con respecto al deterioro ambiental”, explicó. Mencionó que “la cantidad de bosques disponibles para hacer fuego antes de la Revolución Industrial era reducida y eso limitaba las posibilidades de crecimiento y de producir alimentos”.

“Ante ello se introducen combustibles fósiles al sistema productivo y desde inicios del siglo XX se incorpora la química a la producción agropecuaria, lo que permite aumentar mucho los rindes. Sin eso no hubieran sido posibles los tamaños demográficos que observamos hoy”, afirmó.

En este sentido definió que “ninguno de estos desacoples ocurrió volviendo a épocas ancestrales o a las prácticas de nuestros antepasados o cosas por el estilo que escuchamos todos los días de los grupos que se organizan en el falso ambientalismo”.

Se trató de “cambios técnicos que permitieron producir mucho más con menos recursos o con cambios dramáticos en el uso de la energía”.

“El problema que tenemos ahora a nivel global -diagnosticó- es que la forma como usamos energía en la actualidad, que es por combustibles fósiles, tiene un efecto ambiental, que es el calentamiento global. Esto está poniendo un nuevo límite a la capacidad de expansión de la humanidad”.

Ante ello sostuvo: “No veo ninguna otra salida que otro desacople asociado con el uso de la energía que permita seguir creciendo, seguir aumentando los niveles de vida reduciendo las emisiones de dióxido de carbono y los impactos ambientales de las actividades. Y creo que no hay otra alternativa que no pase por un gran salto en las condiciones técnicas de producción”.

Por el contrario, dijo, “hay una cierta izquierda que piensa que saliendo del capitalismo esto se podría lograr con mucha facilidad”, aunque “las alternativas de decrecimiento, de frenar la producción o volver a las técnicas ancestrales son las alternativas de colapso”. 

En este aspecto afirmó que “el problema esencial argentino no es el cambio climático, que depende de lo que hace todo el mundo. Si Argentina cambia su modo de producción de energía y el mundo no lo hace, no va a ocurrir nada, y viceversa. Somos marginales en este sentido”.

“Los problemas ambientales más acuciantes en la Argentina tienen mucho más que ver con temas a los que nos les estamos dando importancia: basurales, cloacas, contaminación de ríos cercanos a centros urbanos, en zonas densamente pobladas”, enumeró.

Dijo que “no se trata de esos lugares donde vive una persona cada 10 kilómetros cuadrados, ya que son territorios sacrificados en términos económicos. Son territorios sacrificados desde el siglo XIX. Y se da un movimiento que impide el desarrollo de un conjunto de regiones que funcionarían como alternativas productivas económicas y en términos de divisas también al agro pampeano”.

“Atender los problemas ambientales requiere capacidades económicas, financiamiento y capacidades productivas”, dijo.

Y agregó: “Hay un pensamiento mágico que cree que las cosas se resuelven de manera espontánea. Se cuestiona el extractivismo, se dice que la minería no transforma, pero todo esto no aparece de un día para otro. Son necesarias divisas y un Estado fuerte, que tenga la capacidad de tomar decisiones”.

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