El desafío de debatir como iguales: lo que deja la elección 2021

Sociedad 15 de noviembre de 2021 Por Mario Bensimón *
El autor es abogado, especializado en derecho constitucional.
Diputados congreso presupuesto

El dato de la pérdida del quorum propio en el Senado de la Nación por parte del Gobierno se constituyó en la noticia más difundida de la elección de medio término que se desarrolló ayer 14 de noviembre.

La magnitud de la noticia no es menor para una institución que, a través de su representatividad no proporcional, brindaba históricamente al Partido Justicialista un derecho a veto sobre cualquier proyecto que obtuviera la media sanción de la Cámara de Diputados.

La institución del Senado, cuestionada desde su creación hasta la fecha por su marcado déficit democrático (desarrollo esta temática en “Achicando los Arcos. Análisis del juego democrático argentino a la luz de sus reglas”, Editorial Remitente Patagonia), venía además constituyéndose en un órgano que desincentivaba la calidad del debate público en la práctica, a través del quorum propio obtenido por una de las facciones.

Esta situación, en el marco además de un sistema presidencialista, adquiere ciertas características que parece oportuno revisar.

Se ha sostenido con acierto que el Presidencialismo no propicia el diálogo político y genera un “juego de suma cero” (Juan Linz, “Democracia Presidencial o Parlamentaria: ¿hay alguna diferencia?”, citado por Carlos Nino en “La Constitución de la Democracia Participativa”, Editorial Gedisa). Quien gana el Gobierno se queda con todo, y quienes pierden sólo tienen el incentivo de acceder al poder.

Es que el problema de un sistema que posibilita la acumulación excesiva de poder en una persona (el Presidente de la Nación) se produce justamente cuando esa persona o el partido político al que representa pierde legitimidad frente a sus representados.

El sistema presidencialista ha mostrado en nuestra historia argentina serios problemas de “rigidez” frente a la merma de poder político presidencial manifestada en las elecciones de medio término. 

La pérdida del quorum propio por parte del Gobierno en la Cámara de Senadores y la nueva composición de la Cámara de Diputados introduce en el debate público un desafío a la dirigencia que excede la mera disputa político-partidaria y que adquiere ribetes institucionales.

Un diseño institucional que no propicia el diálogo y la deliberación debe brindar, a través de lo voluntad de los actores, las condiciones para que los próximos dos años se desarrollen normalmente, permitiendo encontrar las mejores soluciones frente a la compleja coyuntura que enfrenta nuestro país.

La personalización del poder que propicia el sistema presidencialista deberá ceder frente a la necesidad de consenso, que permita dotar de legitimidad a las decisiones democráticas.

La cuestión de la personalización de poder y sus consecuencias en el debate público ha sido analizada por el reconocido constitucionalista Marcelo Alegre, quien sostuvo que “la personalización del poder genera un diálogo público, cuando lo hay, muy asimétrico, debido a que el presidente rara vez participa en las deliberaciones públicas dando y recibiendo razones. Sus intervenciones tienden a adoptar un tono imperial, por encima del nivel terrenal de la política cotidiana. Cuando la realidad se complica, el presidente echa mano a su rol de jefe de Estado, descalificando a quienes no se alinean con su voluntad, quienes son acusados de conspirar contra sus intereses nacionales” (Marcelo Alegre, “Democracia sin Presidentes”, en Teoría y Crítica del Derecho Constitucional coordinador Roberto Gargarella. Tomo I). 

Ese jefe de Estado, tal como lo advierte Guillermo O´Donnell (“Democracia Delegativa”, en www.journalofdemocracyenespanol.cl), omnipotente cuando resulta acompañado por las mayorías populares, requiere el acompañamiento de los partidos políticos opositores cuando las épocas de flaca legitimidad hacen necesario obtener el acompañamiento legislativo de las decisiones políticas.

La dirigencia política argentina se encuentra por estas horas frente a un complejo entramado del que sólo se sale con argumentos, debate y acuerdos.

Un diálogo entre iguales. 

 

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