Francia se enfrenta a un ‘nuevo antisemitismo’

Argentina y el Mundo 05 de agosto de 2018 Por
Un 40 por ciento de los reportes por crímenes de odio registrados el año pasado en ese país fueron en contra de habitantes judíos; la violencia también aumentó contra los musulmanes y hay un desacuerdo político sobre cómo atender a ambas comunidades.
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Los bulevares y calles del decimoséptimo arrondissement, o distrito municipal, de París sugieren que la vida de los judíos en Francia es vibrante: hay nuevas tiendas de abarrotes y restaurantes kósher, y cerca de quince sinagogas, muchas más que el pequeño puñado de hace unas décadas.

Sin embargo, para residentes como Joanna Galilli, vivir en esta zona del noroeste parisino es en realidad un retiro táctico: se ha convertido en un refugio para muchos judíos que dicen haber enfrentado acoso en áreas donde la población musulmana está en crecimiento. Galilli, de 28 años, se mudó al vecindario este año, proveniente de un suburbio parisino donde dijo que “el antisemitismo es bastante alto” y “lo sientes inmensamente”.

“Escupían cuando caminaba por la calle”, comentó respecto a las reacciones cuando portaba una estrella de David.

Francia tiene una dolorosa historia de antisemitismo; los peores momentos se vivieron en la década de 1930 y durante la ocupación alemana en la Segunda Guerra Mundial. No obstante, en los últimos meses ha surgido un apasionado debate sobre cómo abordar lo que los comentaristas llaman el “nuevo antisemitismo”, conforme los grupos de judíos y los investigadores académicos siguen el rastro de una ola de actos antisemitas proveniente de la creciente población musulmana en Francia.


Casi el 40 por ciento de los actos violentos que fueron clasificados en 2017 como motivados por cuestiones religiosas o raciales se cometieron en contra de judíos, a pesar de que estos habitantes constituyen menos del uno por ciento de la población total de Francia. Los actos antisemitas aumentaron un veinte por ciento desde 2016, un incremento que el Ministerio del Interior llamó “preocupante”.


En 2011, el gobierno francés dejó de categorizar a los considerados responsables de actos antisemitas, lo que dificulta rastrear los orígenes de estos ataques. Sin embargo, antes de eso los musulmanes habían sido el principal grupo identificado como perpetrador, de acuerdo con investigaciones académicas. A menudo, los picos de violencia coincidían con brotes del conflicto israelí-palestino, según los investigadores.

Para el gobierno francés, la cuestión es muy complicada dado que toca uno de los nervios políticos más sensibles del país, así como líneas divisorias étnicas y religiosas. Francia tiene la población más grande en Europa tanto de judíos como de musulmanes, y estos últimos enfrentan discriminación en cuanto a empleos y el trato que reciben por parte de la policía.

Los dirigentes políticos temen enfrentar a un bando contra el otro o incluso reconocer que existe una dinámica de musulmanes contra judíos. Hacerlo violaría un dogma central de Francia: que no se categoriza a las personas por su raza o religión, sino solo como conciudadanos franceses, iguales ante la ley.

“Todos somos ciudadanos de la república, en unidad e indivisibles. Pero esto no corresponde con la realidad”, dijo el encuestador Jérôme Fourquet, quien escribió junto con Sylvain Manternach el libro Next Year in Jerusalem, French Jews and anti-Semitism, publicado por la respetada Fundación Jean-Jaurès, un grupo de expertos asociado con el Partido Socialista francés.

“Todos los políticos hablan de vivir juntos”, añadió Fourquet. “Y, en cambio, lo que hay son grupos basados en la cultura y la comunidad. Sin embargo, reconocer esto implica reconocer el fracaso o la ruptura del modelo francés”.

Günther Jikeli, un historiador alemán de la Universidad de Indiana que llevó a cabo un meticuloso estudio sobre el antisemitismo musulmán en Europa, calificó al fenómeno como algo “sumamente obvio”. En dieciséis entrevistas realizadas durante los últimos doce años en Europa, “el antisemitismo es significativamente más alto entre los musulmanes que en los no musulmanes”, escribió Jikeli en un reciente artículo de opinión del periódico Le Monde.


Los líderes musulmanes en Francia expresan enojo ante tales acusaciones. Desestiman los hallazgos de los investigadores y argumentan que la frase “nuevo antisemitismo” impone una culpa generalizada en los musulmanes del país, en un momento en que la intolerancia hacia los musulmanes ha aumentado tanto en Francia como en el resto de Europa.

Al igual que los actos de violencia reportados en contra de los 500.000 judíos en Francia, los crímenes de odio en contra de la población musulmana en Francia —estimada en entre seis y diez millones de personas— también aumentaron entre 2016 y 2017.

En junio pasado, cuatro musulmanes franceses de ascendencia africana fueron a juicio por el ataque y robo perpetrado en 2014 en contra de un francés judío y de su novia en el apartamento de la pareja en el suburbio parisiense de Créteil. En el recuento del hecho se evidenció que gritaron consignas antisemitas durante el ataque, en el que amordazaron al hombre, Jonathan Ben Arrousse, y violaron a la mujer en otra habitación.

El juicio de Créteil sucedió apenas tres meses después del homicidio de Mireille Knoll, una sobreviviente de 85 años del Holocausto asesinada en su apartamento de París por un asaltante que gritó “Allahu akbar”, o “Alá es grande”.

Un expresidente, un ex primer ministro y varios intelectuales, tanto judíos como no judíos, firmaron un manifiesto después de la muerte de Knoll en el que advierten de una “silenciosa purga étnica” por la emigración de los franceses judíos. El manifiesto también hace un llamado a los musulmanes a renunciar a los que se consideran versos antisemitas en el Corán.

En respuesta a episodios antisemitas, muchos judíos han comenzado a mudarse fuera de vecindarios en la región metropolitana de París que tienen una gran población de musulmanes. Fourquet, el encuestador, citó varios ejemplos. En Aulnay-sous-Bois, la cantidad de familias judías cayó de seiscientas a cien entre 2000 y 2015; en Le Blanc-Mesnil, se redujo a cien familias cuando antes había trecientas; en Clichy-sous-Bois ahora hay ochenta familias judías, de las cuatroscientas anteriores, y, en La Courneuve, ochenta familias de las trescientas que solía haber hace dieciocho años.


Para los líderes musulmanes, las acusaciones son enfurecedoras.


“La gente se va porque alcanza otro nivel económico”, dijo Mamadou Diallo, quien dirige un centro juvenil en Nanterre, un suburbio al oeste de París. No obstante, él y una decena más de jóvenes musulmanes reconocieron, sentados alrededor de una mesa en una tarde reciente, haber escuchado comentarios antisemitas.

“Demasiados para mi gusto”, dijo Diallo.

Ahmet Ogras, presidente del Consejo Francés de Fe Musulmana, fue especialmente crítico del reciente manifiesto de los intelectuales y líderes políticos.

“No era un manifiesto”, opinó. “Era un colección de declaraciones” que agrupaba un llamado a los musulmanes a renunciar a parte del Corán con afirmaciones de una “purga étnica”.

“Nos impactó”, dijo.

Señaló que los grupos musulmanes son socios en el combate al antisemitismo y que “no puedes crear un ‘nuevo’ antisemitismo”. Los grupos judíos deben “dejar de echarles la culpa a los musulmanes”, dijo.

“¿Por qué no llevan a cabo estudios de la fobia contra el islam en la comunidad judía?”, añadió.