Un sueño destrozado: los ciclistas y los combatientes del Estado Islámico

Sociedad 12 de agosto de 2018 Por
Dos ciclistas estadounidenses tenían una visión compasiva del mundo o, al menos, de lo que podría ser. Los hombres que los asesinaron en Tayikistán tenían un punto de vista completamente distinto: los veían como enemigos de su fe.
06Tajikstan-cyclists1-master1050-v2

Cuando les preguntaron por qué renunciaron a sus trabajos de oficina y decidieron emprender un viaje en bicicleta por el mundo, la joven pareja estadounidense dio una explicación sencilla: estaban cansados de las juntas y las teleconferencias, de llenar planillas y cambiar contraseñas.

“Hay magia allá afuera, en este mundo grandioso, enorme y bello”, escribió Jay Austin quien, al igual que su novia, Lauren Geoghegan, avisó que renunciaría con las dos debidas semanas de anticipación y luego mandó su bicicleta a África.
En la mayoría de las veces, ambos comprobaron que tenían razón.

El día 319 del viaje, un kazajo detuvo su camión, los saludó y les regaló unos helados. En una pradera donde habían montado su tienda de campaña en el día 342, apareció una familia con instrumentos de cuerdas y los invitaron a un concierto al aire libre. Y en el día 359, se encontraron con dos chicas en la cima de un paso entre montañas en Kirguistán que les regalaron un ramo de flores.


También vivieron adversidades como llantas pinchadas, gruñidos de perros, granizo y enfermedades. Sin embargo, para Austin y Geoghegan, ambos de 29 años, los momentos de conexión humana superaron por mucho esas situaciones. Hasta que llegó el día 369, cuando la pareja iba en una formación de bicicletas con un grupo de turistas en un tramo panorámico al suroeste de Tayikistán. Fue ahí donde, el 29 de julio, los divisó un auto lleno de hombres que se cree que habían grabado un video en el que juraban lealtad al Estado Islámico.


Un borroso video del teléfono celular de un conductor muestra qué sucedió después: el auto sedán de la marca Daewoo donde van los hombres rebasa a los ciclistas y después da una vuelta cerrada en u. Se regresa por donde venía y apunta directamente hacia los ciclistas, los impacta y arrolla sus siluetas caídas. En total, cuatro personas fueron asesinadas: Austin, Geoghegan y ciclistas de Suiza y Holanda.

Dos días después, el Estado Islámico divulgó un video en el que aparecen cinco hombres que la agrupación identificó como los atacantes y que están sentados ante la bandera del Estado Islámico. Están frente a la cámara y hacen una promesa: asesinar a los “incrédulos”.

Era una visión del mundo diametralmente opuesta a la de Austin y Geoghegan. Durante sus viajes, la pareja compartió publicaciones de Instagram sobre la generosidad que querían personificar y los actos de bondad que recibían de extraños.

“Hay un sentimiento de querer devolver algo a cambio, no solo a esta persona que ha acogido a un extraño en su hogar, sino a todo el mundo”, escribió Austin en el blog que compartía la pareja. “Te vuelves alguien que quiere acoger a otras personas en su casa. Te conviertes en un comerciante de la economía de los regalos”.

En Washington, donde la pareja se conoció, Austin vivía en una casa diminuta, un experimento de acuerdo con los principios que con el tiempo lo impulsarían a hacer su viaje por todo el mundo.


Después de obtener el grado de maestría de la Universidad de Georgetown, Austin comenzó a trabajar en el Departamento de Vivienda y Desarrollo Urbano de Estados Unidos. Convencido de que muchas de las pertenencias que juntaban las personas eran innecesarias, Austin comenzó a adoptar un estilo de vida minimalista, comentó su amiga de la infancia Ashley Ozery.

Con sus propias manos construyó una casa —la llamó “La caja de fósforos”—, la cual era tan pequeña (trece metros cuadrados) que apareció en numerosos programas de televisión. Para liberar espacio, los muros estaban construidos con imanes integrados, de tal manera que Austin podía almacenar objetos metálicos pegándolos en el revestimiento de madera, como su colección de especias.

Si una de sus metas era reducir su vida al mínimo más imprescindible, la otra era ampliar su visión del mundo. Gracias a su casa miniatura, no tenía que pagar una hipoteca y podía tomar un permiso sin goce de sueldo de su trabajo gubernamental y viajar por el planeta.

Primero, realizó un viaje en moto por Estados Unidos. Le siguió un viaje en tren por Europa. Después, pasó una temporada de trabajo en Namibia. Luego, un viaje de semanas por India, recordó Ozery, quien se hizo amiga de Austin en 1999 en la escuela primaria de Manalapan, Nueva Jersey.


En 2012, conoció a Lauren Anne Geoghegan, una joven originaria del sur de California que, al igual que él, se había graduado en Georgetown y en ese momento trabajaba en la oficina de admisiones de la universidad.

“Original”. “Me desafía a crecer”. “Aventurero”. Eran algunas de las maneras en que Geoghegan describía a Austin con sus amistades más cercanas, comentó Kristen Bautz Robinson, quien la conoció durante el primer año que pasaron en Georgetown.

A pesar de que Geoghegan también era una viajera consumada —había pasado un verano en Beirut para aprender árabe y un semestre en Madrid para mejorar su fluidez en el español—, los viajes austeros y aventureros de Austin eran nuevos para ella.

Los valores de Austin se le empezaron a pegar, aseguraron sus amigos. Geoghegan compró un pase por un día para compartir bicicletas que se convirtió en una membresía anual. Pronto se compró su propia bicicleta.


En 2016, Geoghegan le comentó a su amiga Amanda Kerrigan que estaba planeando renunciar a su trabajo para viajar en bicicleta por el mundo. Kerrigan no pudo ocultar un poco de preocupación. “Me dije: ‘Esta no es la Lauren que conozco’”, señaló, y agregó: “Jay cambió la vida de Lauren”.


El día en que Geoghegan y Kerrigan se despidieron, las dos amigas se abrazaron afuera del apartamento de la primera. “En cuanto tus instintos te digan que algo está mal… vete”, le sugirió Kerrigan. Estaba preocupada por su amiga, en parte porque tenía un gran corazón y en parte porque temía que Austin tuviera una mayor tolerancia al peligro que Geoghegan.

“Cuando alguien se muere, la gente siempre dice: ‘Ay, era una persona maravillosa’”, señaló Kerrigan. “Lauren no solo era una buena persona. Era excepcional para conectarse con los demás: excepcional para darse a la gente, de una manera que a mí me habría resultado agotadora”.

En julio de 2017, la pareja inició su viaje en la parte más meridional de África. Su travesía fue una serie de pruebas físicas tediosas y en ocasiones extenuantes, atenuadas por la bondad humana. Sin embargo, en el curso de sus viajes, sus publicaciones en el blog también narran destellos de crueldad.


En un paso montañoso, un grupo de hombres les bloqueó el camino e intentó tirar a la pareja de sus bicicletas.
Y a tan solo 45 metros de la frontera española, en un embotellamiento, Austin le hizo la señal a un conductor de que quería meterse en su carril. El chofer le permitió entrar y después —lenta y deliberadamente— comenzó a atropellarlo, acorralando la bicicleta de Austin entre su auto y el vehículo que avanzaba delante de ellos.

No obstante, para cuando llegaron a esa curva del camino de Tayikistán, hace apenas una semana, estaban convencidos de que el mundo era de una bondad sobrecogedora: lo demuestran las decenas de fotografías con comentarios y miles de palabras que escribieron.

“Lees los periódicos y te hacen creer que el mundo es un lugar enorme y escalofriante”, escribió Austin. “La gente, según te dicen, no es de fiar. La gente es mala. La gente es malvada”.

“No lo creo. La maldad es un concepto imaginario que hemos inventado para lidiar con las complejidades de compañeros humanos que tienen valores, creencias y perspectivas distintas de las nuestras… En términos generales, los humanos son cálidos. A veces egoístas, a veces miopes, pero buenos. Generosos, maravillosos y bondadosos”, apuntó Austin en su blog. “Es la revelación más grande que nos ha dejado este viaje”.

En el video que divulgó el Estado Islámico después de la muerte de la pareja, se puede ver cómo los hombres que juraron lealtad al grupo armado están sentados en un bloque de piedra, y se alcanza a observar una fracción de un lago de color aguamarina por encima del hombro izquierdo de uno de ellos. Es el tipo de paisaje que la joven pareja se habría detenido a fotografiar y publicar en su blog.

Sin embargo, cuando en el video esos hombres señalan el paisaje que los rodea, prometen masacrar a los “incrédulos” que han infestado sus tierras.