Los empresarios estadounidenses padecen las restricciones a la inmigración

Argentina y el Mundo 09 de septiembre de 2018 Por
Hospitales, hoteles y empresas tecnológicas, entre otros negocios, se quejan porque debido a las restricciones a la entrega de visas para trabajadores temporales les resulta más difícil cubrir vacantes con los empleados extranjeros que necesitan.
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El gobierno de Trump aprovecha la enorme y casi opaca burocracia migratoria de Estados Unidos para sumar nuevos obstáculos y limitar el ingreso de empleados legales, lo cual restringe el flujo de trabajadores extranjeros a Estados Unidos.

El gobierno ahora niega más visas de trabajo, pide información adicional a los solicitantes y demora las autorizaciones con más frecuencia que hace apenas un año. Negocios como hospitales, hoteles y empresas tecnológicas, entre otros, se quejan porque les resulta más difícil cubrir vacantes con los empleados extranjeros que necesitan.

Debido a que faltan empleados extranjeros, aquellos que sí están deben lidiar con una mayor carga de trabajo. Algunas industrias de temporada, como los hoteles y las empresas de jardinería, se han visto obligadas a rechazar encargos de algunos clientes o prestar menos servicios. A los ejecutivos de las grandes empresas les preocupan los efectos que la pérdida de ingenieros y programadores talentosos puede tener a largo plazo frente a países como Canadá, que les están facilitando la entrada a los empleados extranjeros capacitados.


En el laboratorio de patología de Northwell Health en Long Island, el cubículo de una nueva doctora está vacío; nadie ha tocado la computadora ni el microscopio que se encuentran ahí. Otros residentes empezaron a trabajar el 1 de julio, pero ella sigue en  India, debido a demoras inexplicables con su visa.

“El proceso ha tenido demoras que no habíamos experimentado antes”, se lamentó el doctor Andrew C. Yacht, director académico de Northwell, que administra el hospital Lenox Hill de Manhattan y el hospital de la Universidad de North Shore en Manhasset, Nueva York.

Los inmigrantes crean alrededor del 25 por ciento de las empresas de alta tecnología en Estados Unidos.
En abril de 2017, el presidente Donald Trump firmó una orden ejecutiva designada “Compra y contrata estadounidense”, que instruye a los funcionarios gubernamentales a “aplicar estrictamente” la legislación migratoria. Esta orden no generó tanta atención como la decisión del gobierno de separar a las familias en la frontera con México hace unos meses.

Unos meses después, el presidente promovió legislación que podría reducir la inmigración legal a la mitad. Dos senadores republicanos presentaron este proyecto: Tom Cotton, de Arkansas, y David Perdue, de Georgia. No obstante, los dirigentes republicanos del Congreso no la han autorizado.

Algunos legisladores consideran que Trump intenta modificar la política migratoria a través de mecanismos administrativos porque ese tipo de cambios se encuentran estancados en el Congreso.

“Si quieren hacer una propuesta en materia migratoria, deben enviarla al Congreso”, señaló el representante demócrata Ro Khanna, cuyo distrito incluye parte de Silicon Valley. “El gobierno debería hablar del tema. Cambiar de forma unilateral y sin ningún tipo de rendición de cuentas la legislación autorizada por el Congreso no demuestra una actitud democrática”.

En la práctica, las empresas se quejan porque los obstáculos burocráticos adicionales les han dificultado obtener visas para sus empleados. Este factor les ha hecho más difícil hallar trabajadores capacitados ahora que la tasa de desempleo cayó al 3,9 por ciento.

Un análisis reciente de datos gubernamentales recopilados por el grupo de investigación sin afiliación partidista National Foundation for American Policy reveló que la tasa de respuestas negativas a las solicitudes de visas H-1B para trabajadores extranjeros calificados aumentó un 41 por ciento en los últimos tres meses del ejercicio fiscal 2017, en comparación con el trimestre anterior. Los requerimientos de información adicional por parte del gobierno en los procesos de solicitud se duplicaron durante el cuarto trimestre, unos cuantos meses después del anuncio de la orden ejecutiva de Trump.


Algunos expertos afirman que, si ocurre una reducción sostenida en la inmigración, podría afectar el crecimiento en el largo plazo, a medida que se jubilen más baby boomers y dejen vacíos en el mercado laboral.

Lo mismo aplica tanto para los inmigrantes muy calificados como para los poco calificados, enfatizó Francine D. Blau, economista de la Universidad de Cornell. Estos últimos serán cruciales en sectores como el cuidado infantil y la atención a adultos mayores, así como en los de construcción y limpieza.

“Los inmigrantes y sus hijos representan una gran proporción del crecimiento de nuestra fuerza laboral”, explicó Blau. “Sin ellos, tendríamos los mismos problemas que otros países cuya población envejece a un ritmo acelerado, como Japón”.

El grupo de líderes corporativos Business Roundtable cuestionó hace poco algunos cambios que realizó el gobierno de Trump porque considera que ponen en riesgo los ingresos de miles de trabajadores extranjeros calificados, así como el crecimiento económico y la competitividad.

En una declaración, el Servicio de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos señaló que el gobierno “busca constantemente aplicar las reformas necesarias a la inmigración para llegar a un sistema basado en los méritos”. Añadió que todas las solicitudes se procesan “de manera justa y eficiente, y se analiza cada caso individualmente”.

El programa H-1B, creado para contratar extranjeros calificados y, según los líderes empresariales, fortalecer la economía, ha sido blanco de ataques de algunos políticos desde hace mucho tiempo. Las críticas a dicho programa de visas se originaron porque las empresas lo aprovecharon para sustituir a trabajadores estadounidenses.


De cualquier forma, muchos economistas argumentan que los trabajadores con visas H-1B son valiosos. Los inmigrantes solicitan patentes al doble del ritmo que los ciudadanos nacidos en territorio estadounidense y crean alrededor del 25 por ciento de las empresas de alta tecnología en Estados Unidos.

“Ninguna investigación respalda la idea de que reducir la inmigración legal sea positivo para la economía”, puntualizó Ethan Lewis, economista de Dartmouth.

Los hospitales en particular sostienen que necesitan doctores extranjeros, porque están más dispuestos que los originarios de Estados Unidos a aceptar empleos en campos menos glamorosos con salarios más bajos, como medicina interna y familiar. De los 1826 médicos residentes de Northwell, 165 ingresaron al país con visas H-1B o J-1 para estudiantes.

Casi un tercio de los residentes de patología provienen de otros países, según las estadísticas del Programa Nacional de Residencias. Sin embargo, el número de solicitantes extranjeros para todas las especialidades ha bajado durante dos años consecutivos.

“Las políticas del gobierno han provocado que a los egresados internacionales les interese menos venir a Estados Unidos a capacitarse”, advirtió Mona M. Signer, directora del programa de asignación.

La carga de trabajo de la patóloga de India que todavía no ha podido comenzar a trabajar en Northwell se ha distribuido entre otros once residentes, quienes tienen turnos más prolongados.

“Para poder prestar servicios de salud a nuestros pacientes, el país depende de los egresados internacionales”, enfatizó Yacht.

A Rob Hurst no le interesan los aspectos macroeconómicos de la inmigración. Solo le preocupa mantener limpios los baños.

Durante la temporada vacacional de verano en Estados Unidos, pasó mucho tiempo lavando inodoros y tinas en el hotel del que es gerente en la isla de Martha’s Vineyard en Massachusetts. Cinco empleados de Jamaica que habían trabajado otros años en el inmueble no lograron obtener visas temporales de trabajo H-2B.

“Tengo 65 años, pero si no hay más remedio, hay que hacer lo que haga falta”, dijo. “Sí contratamos a algunos empleados, pero no es posible obtener la misma calidad que con empleados que ya tienen años de experiencia”.

Antes no se contabilizaba dentro del límite anual del programa, de 66.000 trabajadores, a quienes ya habían obtenido visas H-2B otros años. El Congreso se negó a renovar esa disposición en diciembre de 2016.


La frustración de los trabajadores extranjeros también está en aumento sobre la restricción a las visas y el creciente sentimiento antiinmigrante.

Las acciones de Trump para “contratar estadounidenses” han sido positivas para algunos negocios. Un ejemplo es Nexient, proveedor de servicios de software que compite con empresas en India y otros países. Para no depender demasiado de empresas extranjeras, los clientes corporativos prefieren cada vez más establecer vínculos con socios nacionales, según explicó el director general de Nexient, Mark Orttung.

“De cualquier forma hay que ganarse a los clientes, pero ha funcionado como un acelerador para nosotros”, comentó.

Nexient tiene oficinas en Newark, California, pero las principales ubicaciones de sus programadores son Michigan e Indiana. Esta empresa emergente tiene más de quinientos empleados, en comparación con los cuatrocientos que tenía el año pasado.

Alrededor del 10 por ciento de los empleados de Nexient tienen visas H-1B, por lo regular ingenieros que dominan sistemas de software antiguos y otras tecnologías de nicho en centros de datos corporativos.

Esos empleados extranjeros deben proporcionar más información al gobierno y esperar por más tiempo la renovación de su visa, indicó Orttung. “La incertidumbre del proceso trastorna la vida de algunos de nuestros empleados”.