¿Cuáles son los mitos culturales del siglo XXI?

Sociedad 16 de septiembre de 2018 Por
De “Los Soprano” a “El cuento de la criada”, la mayoría de los personajes que han engendrado mayor odio o admiración en los últimos años han nacido en la pequeña pantalla (la de la TV, el ordenador portátil o el teléfono móvil); quizá asistimos al origen de nuevas mitologías.
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Atención a las cinco películas que están arrasando en la taquilla de este año. Vengadores: Infinity War, sobre un grupo de superhéroes creados a principios los años sesenta que se unieron por primera vez en un cómic de 1963. Pantera Negra, que convierte en protagonista de nuestra época a un personaje que debutó como secundario de Los Cuatro Fantásticos en 1966. Mamma mia: Una y otra vez, cuya banda sonora es de ABBA, un grupo que lanzó sus grandes éxitos en los años setenta. La sexta entrega de la saga Misión Imposible, basada en una serie de televisión de los años sesenta y setenta. Y Los increíbles 2, una película de animación sobre una entrañable y simpática familia superheroica que vive en… ¿adivinan? ¡Sí! ¡Los años sesenta!

Cuando nos despertamos en la segunda década del siglo XXI, la mitología del siglo XX seguía allí. El éxito de Harry Potter ha explotado exponencialmente en estas dos décadas, pero las novelas están ambientadas en los años ochenta y noventa. Los niños de hoy todavía usan pijamas de Mickey Mouse, quien dentro de diez años cumplirá un siglo de vida. Y en carnaval se visten como Superman, Batman o el Capitán América, que nacieron en plena Segunda Guerra Mundial. Aunque Frozen o La patrulla canina hayan ocupado un espacio importante en el imaginario infantil de nuestra época, siguen siendo predominantes los personajes del siglo pasado de los universos de Disney, Marvel y D.C.

Muchos de esos mitos también entretienen masivamente al público adulto, que se mantiene fiel —en su amor esquizofrénico— tanto a la saga setentera de Guerra de las Galaxias como a los nuevos discos y conciertos de sus contemporáneos Bob Dylan o The Rolling Stones.



Son pocos los nuevos iconos en el horizonte de la gran mitología popular del siglo XXI. No es casual que varios de ellos pertenezcan a Canción de Hielo y Fuego, la serie de novelas de George R. R. Martin, gracias sobre todo a su versión televisiva, Juego de tronos. No es casual porque las series de televisión se han convertido en la nueva máquina de generar mundos globalmente reconocibles. De Los Soprano a El cuento de la criada, pasando por Perdidos o Mad Men, la mayoría de los personajes que han engendrado más odio o admiración en los últimos años han nacido en la pequeña pantalla (la de la TV, el ordenador portátil o el teléfono móvil).

Aunque nuestra realidad ya no admita jerarquías ni centros —y sin consenso mayoritario no hay mitología—, lo cierto es que los mitos del siglo pasado han sabido pervivir en el nuestro con un protagonismo indiscutible. ¿Por qué ninguna serie de los últimos años ha logrado construir un personaje tan perdurable como Spiderman? ¿Por qué, si vamos más atrás, Sherlock Holmes o Hércules Poirot siguen reencarnándose en cómics, películas, series, obras de teatro, musicales o videojuegos? Más allá del tapón generacional o del tiempo que exigen los dioses para acumular los estratos de lecturas, versiones e interpretaciones que les aseguran la posteridad, es necesario preguntarse —con Bugs Bunny, creado en 1940—: ¿qué hay de nuevo, viejo?

Pues lo que hay de nuevo son, por ejemplo, los peluches de Ty. Aunque los primeros Beanie Babies surgieron en los ochenta y pronto se convirtieron en piezas de colección, fue en los años dos mil cuando la línea de juguetes protagonizó uno de los primeros fenómenos de venta en línea.

En la actualidad entre los suaves animalitos de ojos brillantes encontramos no solo a ratones o pingüinos, sino también a Garfield, los cachorros de La patrulla canina o todos los unicornios de Mi pequeño pony. Lo mismo ocurre con Funko Pop!, esos muñequitos cabezones que se encarnan en cualquier personaje pop, convirtiendo tanto a Popeye o a Dumbo como a los protagonistas de Stranger Things en enanitos del mismo tamaño y, de paso, en piezas de la misma infinita colección.


Le podríamos llamar la lógica Lego. Todo puede construirse con esos pequeños ladrillos de colores. Todos los mundos son reproducibles en Legolandia o en las películas y series de animación de Lego: ninjas, caballeros medievales, superhéroes, cualquier imaginario. Aunque el juego de construcción no sea un invento del siglo XXI, sí lo son sus variaciones audiovisuales. Unas historias que demuestran que todo puede traducirse al formato Lego, igual que cualquier personaje puede tener su versión Beanie Baby o Funko Pop!

¿Son esas plataformas transversales los mitos que está generando nuestra época? Es muy probable. Ahora que Google cumplió veinte años, podemos observar el buscador como un parque temático o como un universo, diseñado para que pases en él el mayor tiempo posible. Si buscas los ganadores de los Oscar, te muestra las caras de los actores o los pósteres de las películas, para que no acudas a las fuentes que dieron la noticia.

Y si buscas a Platón o a Clarice Lispector, te enseña en un recuadro parte de lo que Wikipedia dice sobre ellos, para que no cliquees el vínculo y te vayas con tu música a otra parte.

Lo mismo hacen Facebook o Twitter o Netflix, contenedores gigantescos que ofrecen innumerables mitologías, al tiempo que ellos mismos se van convirtiendo en mitos. Como el Monte Olimpo, como la Biblia, como el Multiverso, esas marcas globales son espacios virtuales polimorfos que albergan múltiples imaginarios. Los personajes o los mundos narrativos pueden pasar de moda, pero los nuevos dioses, con su catálogo infinito de imágenes y relatos, están diseñados para perdurar.