Los ‘gunners’ que se resisten a vender sus acciones del Arsenal

Deportes 28 de octubre de 2018 Por
La corporación del estadounidense Stan Kroenke ahora es propietaria del 98,82 por ciento de las acciones del club de fútbol inglés y busca comprar las restantes; sin embargo, esas acciones son de aficionados a quienes no les importa el dinero, sino tener un pedazo de su amado equipo.
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La mañana de agosto en la que salió la noticia, llegaron cartas a algunos cientos de puertas de todo el Reino Unido. Algunas viajaron mucho más lejos.

En cada una se detallaba que una entidad llamada Kroenke Sports and Entertainment (KSE UK) había llegado a un acuerdo con otro vehículo de inversión, Red and White Securities, para adquirir su participación en el Arsenal FC, el gigantesco club de fútbol del norte de Londres. El acuerdo implicaba que KSE y el multimillonario estadounidense Stan Kroenke ahora controlaban el 98,82 por ciento de las acciones del Arsenal: 61.484 acciones de 62.217, para ser más precisos. Y ahora KSE estaba haciendo una oferta —más bien una exigencia y una que por ley no podía ser rechazada— por el resto. Adjunta a la carta había un formulario que tenía la instrucción de ser llenado, firmado y devuelto.


El lenguaje de la carta era brusco, con cláusulas confusas y léxico de abogados, sin ninguna muestra de emociones. Sin embargo, la reacción de muchos de los destinatarios fue justo la opuesta. Para ellos, no se trató simplemente de una adquisición corporativa, una transacción financiera, un negocio.

Cuando la propuesta de compra que realizó Kroenke por el Arsenal se hizo pública, la cantidad de dinero que estaba gastando el estadounidense llamó mucho la atención. Kroenke ya era poseedor de casi el 70 por ciento de las acciones del Arsenal; su oferta por el 30 por ciento restante quería decir que valuaba al Arsenal en 1800 millones de libras (unos 2330 millones de dólares), el acuerdo más caro de la historia para adquirir un equipo de fútbol.

Sin embargo, esa no era la única historia. De hecho, había otras casi ochocientas historias. El Arsenal siempre había tenido unos cientos de accionistas pequeños, individuos que tenían una o un puñado de acciones del club. Algunas se habían comprado hacía poco tiempo, habían sido regalos o se habían adquirido de manera colectiva. Otras llevaban décadas en algunas familias y se conservaban como reliquias y tesoros, pedacitos del Arsenal que legaban los padres a sus hijos, pruebas de que no solo apoyabas al equipo, sino que también eras parte de él.

Ahora, Kroenke tenía el derecho de comprarlas todas. Por supuesto que los dueños minoritarios iban a recibir un rendimiento por su inversión: sus acciones estaban valoradas en 29.000 libras (37.000 dólares) cada una. No obstante, para muchos, el dinero fue poco consuelo.

Algunos accionistas, con un gran pesar, firmaron la carta y vendieron. Otros, conscientes de la inutilidad, aún las tienen. A continuación, en sus propias palabras, les presentamos a cinco de ellos.

Martha Silcott, poseedora del abono para toda la temporada desde 1998

Compré la acción —tan solo una— en 2004. No me fue fácil entender exactamente cómo debía hacerlo: tuve que ir con un corredor de bolsa específico para comprarla. No fue una decisión fácil, por el costo, pero quería tener una conexión adicional con el club.

Poseer una acción me hizo sentir como si el Arsenal fuera en verdad mi club: era un vínculo más cercano, más emocional.

Está bien que los aficionados, el alma de un equipo, sean dueños de una parte de ese equipo. Si ves un partido sin aficionados, verás lo importantes que son. Los jugadores tienen un desempeño distinto en un estadio vacío. No celebran tanto los goles. Los aficionados son los que le dan sentido a todo.

Decidí que tenía que vender porque no había manera de evitarlo. Podrá sonar patético decir que fue muy triste la idea de que me obligaran a venderla, pero así fue, pues tuve que despedirme de algo en lo que había invertido no solo en términos financieros, sino también emocionales.

Tengo un gran resentimiento hacia Kroenke, pero también hacia el club. No me gusta la idea de que el dueño sea alguien a quien solo le interese el dinero y comprar las acciones de las personas que las adquirieron por razones que no tuvieron nada que ver con el dinero.

Jeffrey Freeman, poseedor del abono para toda la temporada desde 1945

He sido miembro de la familia Arsenal desde hace 75 años. Aún recuerdo claramente cuando iba a ver al equipo a White Hart Lane durante la Segunda Guerra Mundial, porque habían bombardeado Highbury. Me acuerdo de caminar con mi padre al estadio en 1945 para comprar nuestros abonos para toda la temporada. He tenido uno desde entonces: siempre en las mismas gradas de Highbury, antes de la mudanza al Emirates Stadium, siempre en la misma fila, siempre rodeado de las mismas personas. Ya no me siento parte de esa familia.

He tenido un puñado de acciones desde 1965; en algún momento tuve diez.

Es imposible describir qué tan distinto era el fútbol en aquel entonces, qué tanto ha cambiado. Cuando me convertí en accionista, ganaba unas quince libras a la semana. Eso pagué por mi abono para la temporada ese año. Ahora cuestan 1500 o 2000 libras.

La mayoría de las personas serían hipócritas si dijeran que el dinero no les va a ser útil. No soy rico y me jubilé hace tiempo. Pero el punto es que nadie de nosotros quiere el dinero; no queremos el dinero a este costo. Queremos tener nuestras acciones. Al quitárnoslas, Kroenke ha comprado el cuerpo del club. Sin embargo, el corazón siempre se le escapará. El corazón siempre será de los aficionados.

Lindsay Rawlings, accionista de tercera generación


Mi abuelo tenía dos hermanos. Todos trabajaban en la bolsa de valores de Londres y, cuando salía a la venta una emisión de acciones del Arsenal, los tres hermanos compraban.

Cuando murió mi abuelo, le dejó sus ocho acciones a mi padre, su yerno. Cuando mi padre murió, dejó cuatro para mí y cuatro para mi hermana.

Siempre había pensado que les dejaría las mías a mis hijos. No somos una familia de reliquias o tesoros, pero el apoyo al Arsenal corre por nuestras venas y debería pasar lo mismo con esas acciones.

La verdad es que todo el proceso me ha alejado del club. Es un porcentaje en verdad minúsculo. Las acciones no le significan nada a Kroenke, y en cambio son todo para nosotros.

Thomas Ballegaard, presidente del club de aficionados al Arsenal en Dinamarca, el cual posee una acción colectiva desde 2007

El día en que llegaron los papeles en los que se detallaba la adquisición del Arsenal a manos de Stan Kroenke, para informarnos de su oferta y describir cómo sería el proceso de venta, fue la primera vez que habíamos visto el certificado de nuestra acción. Entre todos los documentos que venían en el sobre, estaba el pedazo de papel que confirma que somos propietarios de una pequeña parte de nuestro equipo.

Ahora que está con nosotros, no tenemos ninguna intención de dejarla ir. No queremos que nos paguen por ella. El dinero no tiene nada que ver.

Hemos sido dueños de una acción durante algunos años; al ser los 2600 miembros de Arsenal Dinamarca, nuestros aficionados se agrupan aquí. El grupo ha existido desde inicios de la década de los noventa y, a lo largo de los años, fuimos capaces de ahorrar una buena cantidad de dinero. Con el tiempo, tuvimos suficiente para comprar una sola acción en el club.

Significó mucho para nosotros. Demostró que, aunque estamos lejos de los aficionados de Londres, nuestra pasión es la misma. Nos hizo sentir como si en verdad perteneciéramos al club, como si cada uno de nosotros fuera parte del Arsenal.

Mary Maude, poseedora del abono para toda la temporada y dueña de una acción durante dos décadas

Las acciones del Arsenal siempre han sido muy caras y muy escasas. He tenido la mía durante unos veinte años, después de que un amigo me la compró de regalo. El certificado está en mi pequeño archivo del Arsenal, protegido en un sobre de plástico. Es tan viejo que fue escrito en una máquina de escribir, no en una computadora. Creo que es el regalo más maravilloso que he recibido.

Estoy segura de que todos los pequeños accionistas sienten lo mismo: el valor no es económico. Más bien, era todo un privilegio, una verdadera revelación, tener el nivel de acceso que venía con una acción: la oportunidad de ir a la reunión general de cada año para entender un poco cómo se dirigía el club y tener un pedacito de mi equipo.

En esos años, en la parte más alta de la era de Arsène Wenger, todos los partidos eran un suceso. Ibas a los partidos y veías cómo estos hombres grandes —hombres que, yo supongo, tenían problemas en la mayoría de las circunstancias para decir algo personal— expresaban sus esperanzas, su ira, su amor por el equipo. Ser propietaria de un fragmento de eso, tener el sentido de custodia, intensificaba ese involucramiento.

Esto se siente como si se marcara un antes y un después. Kroenke no sabe nada de fútbol; está muy lejos de todo lo que fue el club. Solo le preocupa el capital; el Arsenal es solo otra corporación.

Sin embargo, me da mucha tristeza, como si fuera el fin de todo lo que me encantaba del fútbol. No creo ser la única que se siente así.

FUENTE - NYT