Exlíderes de Cataluña siguen comprometidos con la causa separatista desde la prisión

Argentina y el Mundo 02 de diciembre de 2018 Por
Los dirigentes catalanes Oriol Junqueras y Raül Romeva hablan desde la cárcel sobre su próximo enjuiciamiento, la relación con el presidente del Gobierno de España, Pedro Sánchez, y el futuro del movimiento secesionista.
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Según a quien se le pregunte, Oriol Junqueras es un líder rebelde de Cataluña que buscó la implosión de España o un político electo que ha pasado el último año en la cárcel de manera injustificada, mientras espera ser enjuiciado por organizar un referéndum de independencia que desafió al gobierno y a los tribunales españoles.

La respuesta que prevalezca no solo será fundamental para el destino de Junqueras, quien espera su juicio junto a otros diecisiete exlíderes imputados de Cataluña. Lo más probable es que también influya en el conflicto político sobre el estatus de una región que a menudo ha definido su historia por medio de la lucha contra del poder central en Madrid.

“Lo importante es saber qué quieres”, dijo Junqueras, que era el vicepresidente de Cataluña, durante una entrevista reciente en la prisión. “Con quién quieres vivir y con quién no, más allá de saber cuándo se concretará el matrimonio”.

Junqueras sabe lo que quiere. Sin embargo, este noviembre, el fiscal general de España lo acusó formalmente a él y a otros líderes secesionistas de rebelión y mal uso de fondos públicos, entre otros delitos, por su papel en el referéndum celebrado el año pasado y que había sido declarado inconstitucional, así como en la declaración de independencia.


Junqueras enfrenta los cargos más severos entre los separatistas y podría pasar hasta veinticinco años en la cárcel si se le declara culpable. Como el líder de Esquerra Republicana, uno de los principales partidos políticos de Cataluña, Junqueras sigue siendo una figura central para el futuro de la región, en particular después del reciente distanciamiento con la coalición separatista a causa de la manera en que buscan resucitar los planes de independencia tres años después de haber ganado una mayoría de las curules en el Parlamento de Cataluña.

Junqueras y otros diecisiete líderes separatistas de Cataluña fueron encarcelados poco después de ser expulsados por el gobierno español en octubre de 2017. Desde entonces, aunque han permanecido tras las rejas, el conflicto secesionista continúa y sigue dividiendo a la sociedad catalana, al mismo tiempo que amenaza la estabilidad política de España.


En entrevistas concedidas en octubre pasado dentro de la cárcel de Lledoners, ubicada al noroeste de Barcelona, Junqueras y Raül Romeva, quien estaba a cargo de las relaciones exteriores en el anterior gobierno catalán, negaron haber cometido algún delito y dijeron que seguían comprometidos con su convicción de transformar a Cataluña en una república independiente. Sin embargo, no les fue fácil ofrecer una salida sencilla hacia la secesión después de la fallida declaración de independencia del año pasado.

“Se podría decir que subestimamos algunas de las dificultades respecto de lo que queríamos hacer el año pasado, pero nadie debería subestimar la fortaleza de nuestro movimiento, estemos en prisión o no”, afirmó Junqueras. “Estoy seguro de que nos fortaleceremos más”.

Para complicar el panorama, este año entraron nuevos líderes tanto en Cataluña como en el gobierno nacional de Madrid. En mayo, los legisladores catalanes eligieron, por una diferencia mínima, a Quim Torra como presidente, un separatista que no ha sido acusado por las autoridades españolas.

Después, en junio, Pedro Sánchez se convirtió en el presidente del Gobierno de España, tras ganar la mayoría parlamentaria con el apoyo de legisladores nacionalistas de Cataluña y el País Vasco. Sánchez sucedió a Mariano Rajoy, quien había suspendido la autonomía de Cataluña e impuso un gobierno directo desde Madrid por medio de sus poderes constitucionales.

A cambio de su apoyo, Sánchez prometió restaurar el diálogo político con el gobierno de Torra y accedió a la transferencia de Junqueras y otros políticos catalanes que estaban encarcelados en Madrid a prisiones de Cataluña, para estar más cerca de sus familiares y abogados.

No obstante, en los últimos meses, Sánchez y Torra han puesto a prueba los límites de su frágil alianza parlamentaria sin lograr ningún progreso significativo en el tema de Cataluña. Hace poco, Torra respondió a los cargos de rebelión en contra de Junqueras y otros con la advertencia de que los legisladores catalanes tomarían represalias para bloquear el próximo presupuesto nacional de Sánchez en el Parlamento.

“El gobierno ha perdido una oportunidad de oro para sacar de los tribunales el conflicto de Cataluña y devolverlo a la política, que es donde debería estar”, dijo Torra.

El juicio a los líderes catalanes también será una prueba significativa para el poder judicial español, el cual está bajo presión de gente que sigue una línea dura y busca severas sentencias de cárcel que podrían servir de precedente para cualquier otro grupo que en el futuro quisiera romper relaciones con España. Los separatistas catalanes, por otro lado, han advertido que podría ser una farsa de juicio ejecutado por jueces españoles que están profundamente politizados.


“Para quienes no creían que el Estado español tenía un problema estructural, nuestra larga estancia en prisión les debería haber dejado claro que es un Estado fracasado”, aseguró Romeva, quien compartió un teléfono con Junqueras para hablar a través de un cristal en la cabina para visitas de la cárcel.

El juicio de los separatistas, el cual se espera que empiece a inicios de 2019, también se realizará en circunstancias excepcionales porque el principal protagonista de la crisis política del año pasado, Carles Puigdemont, exlíder de Cataluña, ha resistido con éxito los intentos de extradición a Madrid que ha realizado España. En octubre de 2017, huyó a Bruselas junto con un puñado de miembros de su antiguo gabinete, después de que el gobierno central en Madrid lo removiera del cargo y por un breve periodo puso a Cataluña bajo su control.


Desde entonces, Junqueras y Puigdemont se han separado, no solo por sus circunstancias personales tan distintas, sino también por tener puntos de vista divergentes sobre la manera de confrontar a Madrid. Ante la pregunta de qué opina sobre la decisión de Puigdemont de evitar las acusaciones judiciales desde Bruselas, donde pretende reconstruir un partido independentista a la distancia, Junqueras dijo: “No me interesa evaluar las acciones de otros líderes”.

“Mi meta siempre ha sido estar cerca de mi gente”, añadió, “para mostrarle que estoy dispuesto a hacer todos los esfuerzos y sacrificios para defender lo que creo”.

En una calle que lleva a la cárcel de Lledoners, los separatistas han dibujado pintas amarillas para exigir “Libertad” e “Independencia”. También han realizado vigilias afuera de la penitenciaria a fin de reclamar la liberación de Junqueras y los otros dirigentes.

No obstante, algunas publicaciones españolas han señalado que Junqueras disfruta de condiciones privilegiadas de detención, incluso las han comparado con las que tenía Pablo Escobar, el capo de la droga en Colombia, quien fue capaz de mantener un estilo de vida privilegiado —así como dirigir su negocio de tráfico de cocaína— mientras estuvo en una cárcel que parecía centro turístico.

Junqueras asegura que el único privilegio verdadero que ha recibido desde que fue transferido es la posibilidad de renovar su vocación académica, pues fue profesor universitario. En algunas ocasiones, se le ha permitido enseñar astronomía, historia, matemáticas y otras materias a internos.

“Me importa la política”, señaló. “Pero también quiero que la gente sepa sobre el descubrimiento de UY Scuti, la estrella más grande de nuestro universo”.

FUENTE: NYT