Mujeres que dejan huellas

Sociedad 07 de marzo de 2019 Por
Por el Día Internacional de la Mujer, Sur Actual recogió los testimonios de profesionales del área Criminalística de la Policía del Chubut. En un mundo laboral en el que predominan los hombres, ellas estudian y trabajan con pasión para resolver crímenes, y tienen bien ganado el reconocimiento de todos sus pares.
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1 / 2 - Mónica Luna. Cerca de cumplir 30 años de servicio, hoy se dedica a las pericias balísticas.

Hay mujeres para todo. En una sociedad llena de prejuicios, muchas veces se asocia al género con lo maternal, pero las mujeres son multifacéticas. Hoy, muchos de los trabajos que eran catalogados “para hombres” son hechos por mujeres. Hay mujeres albañiles, choferes. Y también están las que investigan los homicidios más escabrosos, con enorme minuciosidad y profesionalismo. Son mujeres reales: madres, esposas que apuestan a una carrera profesional que no tiene horarios. Así y todo, todo lo pueden.

Podrían ser las protagonistas de las series CSI o Mentes Criminales pero son mujeres de perfil bajo que tienen una vida real que abarca más que el trabajo. Mónica, Anneris, Viviana y Analía trabajan en el área Criminalística de la Policía del Chubut. Se perfeccionaron para descubrir a quienes cometen los crímenes más aberrantes, identificar cuerpos calcinados y hasta detectar la falsificación de firmas y documentos públicos.

Amantes de su profesión, aseguran que el género nunca fue un impedimento para crecer en un ambiente dominado por hombres como lo es la Policía. E incluso se ganaron el reconocimiento de todos sus pares.  

Especialista en balística

Mónica Luna es oficial mayor y técnica superior en Ciencias Periciales de la División de Criminalística de Comodoro Rivadavia. Pronto a cumplir los 30 años de servicio, hoy se dedica a las pericias balísticas.

“En Comodoro hay muchas pericias balísticas. Tengo conexión con el Ministerio Público Fiscal y realizamos pericias sobre armas secuestradas en los distintos hechos delictuales. Cuando en un hecho hay algún herido de bala podemos rescatar los proyectiles y las vainas, y luego corroboramos si el arma secuestrada corresponde a la utilizada para cometer el delito”, explicó.

Mónica tiene un hijo que está en la universidad, pero reconoce que fue muy difícil combinar la maternidad con la tarea laboral. Recuerda que se perdió muchos actos y reuniones de padres en el colegio. “En la vida de mi hijo, me he perdido muchos momentos por mi trabajo pero intenté darle calidad de tiempo como mamá”, sostiene.

En este sentido cuenta que en la historia de su carrera hubo un hecho que la movilizó mucho. “Mi hijo tenía 14 años y tuvimos que ir al basural donde se encontró el cuerpo de un chiquito de la misma edad. El niño había ido al lugar a buscar alimentos y fue aplastado por un camión. Actué con la seriedad que requería el caso pero me movilizó mucho porque el nene tenía la misma edad que en ese momento tenía mi hijo que estaba en casa. Después que terminé mi trabajo, no podía parar de llorar”, comenta y remarca que para su profesión es necesario “armarse de una coraza porque se ven casos aberrantes”.

Vocación

Anneris Morales, oficial subinspector, es Licenciada en Criminalística. Trabaja en la División de Policía Científica de Rawson. Su vocación nació a raíz de un test vocacional en el colegio. “Me dio Criminalística como una posibilidad. Con 17 años ni siquiera había escuchado nombrar la carrera. Me puse a investigar las facultades que la dictaban y me anoté en el Instituto Universitario de la Policía Federal en Buenos Aires, donde vivía. Comencé a estudiar y tuve que hacer la práctica en una fuerza de seguridad. Con el tiempo me vine a vivir a Chubut, porque mi marido es de acá, e ingresé a la Policía”, relató.

Anneris hace las pericias que solicita el Ministerio Público Fiscal y la participación activa en el lugar del hecho. Además trabaja en documentología, área que detecta la falsificación de documentos y firmas.

Madre y profesional

El trabajo en el área científica policial no tiene horarios. Además de cumplir el turno de oficina, el personal tiene que estar disponible en todo momento, sobre todo a la madrugada, cuando mayores casos de homicidios, suicidios y accidentes ocurren. “Si pasa algo a las 3 de la mañana me llaman y me hago presente. Siempre me movió la pasión por la profesión. Yo tenía un trabajo totalmente distinto con otro ingreso, pero cuando me surgió la posibilidad de trabajar de lo que estudié, no lo dudé. Es fundamental la presencia de mi marido que me ayuda con los chicos. Cuando me llaman, a cualquier hora, me voy y no hay ningún problema. A eso se le suma las ganas de uno de aprender, perfeccionarse y resolver los procesos delictivos que se dan en la ciudad”, asegura con entusiasmo.

Reconoce que ser mamá y llevar adelante la profesión que eligió es difícil, pero no imposible. “No es fácil ser mamá y profesional con horarios fuera de lo común, pero es posible. Hay una imagen que circula por redes sociales donde compara la carrera laboral de un hombre y una mujer. En los obstáculos que tiene la carrera de la mujer están los hijos, la casa, etc., y en la carrera de los hombres está todo el terreno allanado. Es difícil pero no imposible. Hoy hay otra mentalidad y los jefes comprenden más este rol diversificado que tenemos. Hay muchas mujeres que son el sostén de la casa y la visibilización social del poder de la mujer está ayudando a que exista mayor flexibilidad”, subraya.

“Nosotras también nos estamos imponiendo de otra manera y demostramos que más allá de todo podemos. Siempre fuimos multifacéticas pero ahora se visibiliza más. Lo importante es que no tenemos un tope. Antes decían ‘no, es mujer, tiene hijos, la casa…’. Por suerte hoy está el lugar para seguir aprendiendo y ascendiendo en la carrera profesional”, manifiesta Anneris.

Trabajar en la morgue

Viviana Cecuk, odontóloga Legal y Forense, trabaja en terreno y es mamá de mellizos de 8 años. Hizo su carrera en La Plata y la especialización en Capital Federal. “Siempre me gustó la parte de identificación humana por restos. Conocí a una mujer que trabajaba en la parte científica y como no había nadie en ese momento que haga lo que hago yo, ingresé en el 2006”, recuerda.

Viviana es oficial principal en el área Criminalística en Rawson. Levanta las huellas de mordeduras contra los delitos de la integridad física y sexual. “Después de ser mamá costó un poco más porque yo trabajo con nenes. Además, identifico los cuerpos luego de un incendio”, explica.

Su esposo desde hace más de 20 años la ayuda a llevar adelante la familia. “Él siempre me apoyó en lo que hice y entre los dos nos acompañamos. Cuando está avanzada la investigación y sé que en cualquier momento van a dar con la persona desaparecida, hago previsiones, cocino y pongo en el freezer. Le dejo todo a mi esposo porque me llaman a las 3 de la mañana y hay que salir”, señala.

Los mellizos ya conocen su trabajo. “Ellos saben el trabajo que hago y no tienen ningún problema. Es más, me atacan con preguntas cuando llego, especialmente el varón, que incluso es morboso y quiere ver fotos”, comenta.

Viviana también remarca que es un trabajo que brinda muchas satisfacciones. “Son muchas horas en el momento, por ejemplo en morgue. Pero dilucidar quién es hincha el pecho. Yo tengo un perfil muy bajo pero cuando pongo mi firma en los informes o pericias, es muy gratificante. Además, tengo un grupo hermosísimo de compañeros. El jefe de División, Julio Canteriño, es un hombre muy bueno para trabajar, una persona con mucha experiencia que más allá de ser comisario, le gusta aprender”, recalcó.

“Jamás por ser mujer tuve algún impedimento. Hay un grupo de chicas que no le hacen asco a nada. Es más, se la bancan más que los varones. Mis compañeras me ayudan a dar vuelta a un cuerpo y el barbijo apenas les tapa la nariz. Y los varones desde lejos miran”, dice entre risas.

La odontóloga manifestó que, así como su trabajo tiene satisfacciones, también tiene momentos desgarradores. “Hace tiempo, en Sarmiento, hubo un accidente tremendo y me entregaron literalmente tres bolsas de consorcio. Fue un rompecabezas. Pero lo que más me afectó fue lo que ocurrió después. En Comodoro la morgue está en el hospital, y tuve que salir por la puerta de atrás para no tener que darles la noticia a los padres, porque ellos me habían pedido por favor si podía identificar a su hijo. No soy muy buena con las relaciones humanas y ese momento me llegó. Yo vengo trabajando desde la morgue judicial de Buenos Aires. He visto bebés, cosas inimaginables... Igual no te volvés insensible. Hay casos y casos. Cuando se trata de niños me tiembla el corazón pero no la mano. Algunos me dicen que tengo ‘sangre de pato’ pero no es así. En el momento tengo que hacer el trabajo, no puedo andar llorando. Pero después parece que me hubiera arrollado un tren. Dos días paso sin moverme”, señaló.

Siguiendo pistas

Analía Medina es la jefa de la Sección AFIS (Automated Fingerprint Identification System), dependiente del Área Criminalística y cuerpo médico forense de Rawson.  Ingresó a la Escuela de Cadetes en el año 2002. Habían pasado muchos años sin ingresos de personal femenino. Ese año hubo 200 inscriptas de toda la provincia para ocupar 18 lugares.

Hizo su carrera desde abajo: oficial de servicio en Trelew y luego estuvo en la Comisaría de Rawson. En 2008 decidió estudiar una carrera afín a la fuerza. Se fue a Buenos Aires donde estudió 4 años Perito en Papiloscopía y Perito en Documentología.

“Volví a la provincia y pude trabajar de lo mío”, dice Analía que está desde el 2011 en AFIS. La sección trabaja con un software digital que es una aplicación que procesa y almacena huellas papiloscópicas y las coteja con los rastros provinciales recopilados en el lugar de los hechos.

“Es un trabajo de oficina, a ojo fino. También realizamos pericias y cualquier cuestión que nos demande la Fiscalía local”, explica.

“Cada vez que digo lo que estudié, y cómo se llama mi título, la mayoría abre los ojos”, expresa Analía entre risas al momento que asegura que “es muy interesante”.

Medina destacó que el hecho de ser mujer jamás interfirió en su carrera policial. “Yo siempre digo que soy una afortunada porque siempre tuve buenos equipos de trabajo y muy buenos jefes. El respeto viene de la familia. Primero soy persona, después soy mujer, y luego policía. En una institución que está conformada por hombres, una tiene que mantener su postura y saber ganarse su lugar desde el trabajo y la responsabilidad”, declara.

Caso Bregonzi

El caso que más le sorprendió fue el asesinato de Fabián Bregonzi, ocurrido en la madrugada del 15 de diciembre de 2003 en la zona de Playa Paraná, Puerto Madryn. Ocho años después, gracias al AFIS, se dio con el autor del crimen. “Antes de la creación del AFIS hubo un homicidio muy conocido en Puerto Madryn donde no había ningún hilo y había quedado trunca la investigación. Se tomaron esos rastros, que antes se almacenaban en soportes de vidrio, y quedaron en Fiscalía sin posible línea de investigación. Finalmente, en 2011, se cargó el acetato en el AFIS y se dio un resultado positivo con una persona que no estaba vinculada a la investigación. Se detuvo a la persona y tuvo su proceso judicial correspondiente. Fue sumamente satisfactorio”, recalca.

“La parte científica, que es la papiloscopía, es un orgullo que sea un sistema argentino y se utilice a nivel internacional. En mi carrera no hay grises. Una persona es o no es. Y en este sentido me encanta la frase: ‘Dios pone un sello en las manos de las personas para que se hagan responsables de sus actos’. Eso es lo más apasionante de mi carrera”, concluye.