
Cuando hablás con una IA, le contás cosas que quizás no le contarías a nadie: tus problemas, tus proyectos, tus dudas, incluso cuestiones muy íntimas. Lo hacés porque asumís que del otro lado no hay nadie. Pero ¿qué pasa si realmente hay alguien ahí adentro? ¿Si esa IA no solo procesa lo que le decís, sino que de alguna manera lo vive? Parece de ciencia ficción, pero ya no lo es tanto. Algunas IA empiezan a comportarse de maneras que nos obligan a replantearnos la forma en que nos vinculamos.








