
Qué es una granja de bots y por qué funciona
Redacción
La expresión "granja de bots" se instaló en los últimos días en los medios y en las redes. Conviene entender de qué se trata, porque la intuición más difundida sobre cómo funcionan suele ser equivocada.
Un bot —abreviatura de robot— es un programa diseñado para realizar tareas automatizadas en internet: publicar, responder, amplificar contenido sin intervención humana. Una granja de bots es la infraestructura que permite administrar cientos o miles de esas cuentas desde un mismo sistema.
La imagen popular es la de una habitación llena de celulares apilados. Existe, pero no es la regla. Según los especialistas consultados por el sitio de verificación Chequeado, una granja puede montarse directamente en servidores en la nube y no requiere necesariamente de teléfonos conectados.
El efecto real no es el que se supone
Acá está el punto que más cuesta transmitir. Natalia Aruguete, investigadora del CONICET especializada en polarización política y redes sociales en América Latina, explicó a Chequeado que el principal efecto de estas operaciones no es convencer de manera directa a grandes cantidades de personas, sino alterar las condiciones en las que se desarrolla la conversación pública.
Una operación coordinada, señaló la investigadora, puede aumentar artificialmente el volumen de determinados mensajes, repetir consignas, instalar hashtags, atacar a determinados actores, reforzar encuadres y, sobre todo, producir una apariencia de consenso o de rechazo social mucho mayor que la que existe de manera espontánea.
En otras palabras: el objetivo no es que uno crea el mensaje, sino que uno crea que todos los demás ya lo creen.
Cómo se retroalimenta
El mecanismo se apoya en el propio diseño de las plataformas. Los sistemas algorítmicos de las redes detectan interacción, velocidad de propagación y participación. Cuando una publicación recibe rápidamente comentarios, reacciones y compartidos, el sistema la interpreta como relevante y le da más visibilidad.
A partir de ahí el circuito se cierra solo: bots generan interacción artificial, esa interacción produce mayor visibilidad, la mayor visibilidad alcanza a usuarios reales, y esos usuarios reales generan nueva interacción, esta vez auténtica. Cuando personas de carne y hueso empiezan a compartir el contenido, la frontera entre propaganda fabricada y conversación genuina se vuelve prácticamente imposible de trazar.
Un mercado, no solo una herramienta
No todas las granjas de bots son ilegales ni tienen fines políticos. Algunas se usan para tareas legítimas, como pruebas de software o administración automatizada de servicios.
Pero existe además un mercado informal de "bots como servicio": empresas que venden paquetes de seguidores, retuits o comentarios a quien los pague. Los clientes pueden ser partidos políticos, empresas, influencers, sindicatos o cualquier actor interesado en inflar una narrativa. Los precios son bajos, lo que explica buena parte de la difusión del fenómeno.
Técnicamente, la operatoria consiste en crear miles de cuentas con datos falsos, programar horarios coordinados de actividad, alimentarlas con contenidos generados por inteligencia artificial y replicar un mensaje hasta convertirlo en tendencia. Los requisitos de verificación por número telefónico que exigen las plataformas se sortean con bancos de tarjetas SIM prepagas y servicios de números virtuales.
Qué hacer con esto como lector
La conclusión práctica no es desconfiar de todo. Es incorporar una pregunta al momento de ver algo que parece estar en boca de todos: si el volumen que uno percibe corresponde a personas o a cuentas. Un tema que aparece de golpe, con enorme cantidad de mensajes casi idénticos y publicados en una franja horaria muy concentrada, merece al menos una segunda mirada.
Fuentes: Chequeado ("El Explicador"), con declaraciones de Natalia Aruguete (CONICET).


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