Una revisión en The Lancet analizó 121 estudios sobre nueve millones de menores de 25 años y asocia el uso problemático de pantallas con trastornos del sueño

Los especialistas sostienen que el indicador clave no es la cantidad de horas sino la pérdida de control y el impacto en la vida cotidiana. En la Argentina hay una campaña impulsando una ley sobre entornos digitales.
SociedadHace 1 horaRedacciónRedacción
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Una revisión publicada en la revista médica The Lancet reunió 121 estudios que abarcan a alrededor de nueve millones de personas menores de 25 años. El trabajo encuentra una asociación entre el uso problemático de dispositivos digitales y un mayor riesgo de problemas de salud mental, trastornos del sueño y menor actividad física.

Los propios autores aclaran el alcance del hallazgo: lo que se identifica es una asociación, no una secuencia de causa y efecto establecida. Es una distinción relevante, porque no permite afirmar en qué dirección opera el vínculo. Puede que el uso intensivo deteriore el descanso, o que quien ya duerme mal pase más tiempo con el teléfono, o que ambos factores se alimenten entre sí.

El criterio que proponen los especialistas

El punto en el que coinciden los profesionales consultados sobre el tema es que la cantidad de horas, por sí sola, dice poco. Lo que define un uso problemático es el impacto funcional y la pérdida de control.

Entre las señales que enumeran figuran mentir o minimizar el tiempo que se pasa conectado; pensar de manera constante en el teléfono o en el contenido; irritarse cuando no se puede acceder; resignar horas de sueño para seguir conectado; desatender obligaciones escolares o laborales; retraerse de los vínculos presenciales; reducir la actividad física; abandonar intereses y actividades recreativas; intentar disminuir el uso sin lograrlo; y continuar a pesar de conocer las consecuencias.

La lista fue elaborada sobre los aportes de profesionales de la Universidad Austral, de INECO y del Hospital Italiano de Buenos Aires.

Por qué la adolescencia es el período más sensible

La explicación que dan los especialistas es neurológica y tiene que ver con los tiempos del desarrollo. La corteza prefrontal —la región del cerebro asociada a la planificación, la postergación de la gratificación y el control de los impulsos— es una de las últimas en madurar, y sigue desarrollándose durante toda la adolescencia.

Mientras ese proceso está en curso, los sistemas que responden a la recompensa inmediata operan con menos contrapeso. De ahí que un diseño pensado para generar retornos rápidos y frecuentes encuentre en esa franja de edad su público más vulnerable.

Como referencia de contexto, la Organización Mundial de la Salud estima que alrededor de uno de cada siete adolescentes de 10 a 19 años presenta algún trastorno mental, y que más de mil millones de personas en el mundo viven con alguno. Ansiedad, depresión y trastornos de conducta están entre los más frecuentes.

Las recomendaciones prácticas

Las sugerencias que ordenan los profesionales apuntan menos a prohibir y más a proteger tres cosas: el sueño, la actividad física y los vínculos cara a cara.

En concreto: establecer un período sin pantallas antes de dormir y dejar el teléfono fuera del dormitorio durante la noche; definir para qué y en qué momentos se usa, en lugar de usar por defecto; y medir el tiempo real de pantalla, que casi siempre es mayor que el estimado.

En el caso de adolescentes, señalan que el rol adulto es doble: supervisar y también modelar: es difícil sostener una pauta que el adulto de la casa no cumple.

La discusión regulatoria en la Argentina

La Campaña Nacional por la Protección Digital impulsa en el Congreso una ley sobre entornos digitales para chicos y adolescentes. Entre los puntos que plantea figuran resguardos en el diseño de las plataformas, límites a la creación de perfiles publicitarios de menores y medidas específicas sobre los mecanismos que fomentan el uso compulsivo.

El eje del planteo es un desplazamiento de la responsabilidad: de la capacidad individual de autorregularse hacia las obligaciones de quien diseña el sistema.

Fuentes: revisión publicada en The Lancet; Organización Mundial de la Salud; aportes de profesionales de la Universidad Austral, INECO y Hospital Italiano de Buenos Aires; Campaña Nacional por la Protección Digital.

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