Fuerte pronunciamiento del equipo de salud del Hospital Zonal de Trelew

Chubut 15 de junio de 2020 Por Redacción
El disparador fue la confirmación del primer integrante del personal de salud con coronavirus. El pronunciamiento fue difundido a través de Facebook.
Hospital trelew

El equipo de salud asignado a la atención de pacientes Covid del Hospital Zonal de Trelew difundió un pronunciamiento a través de Facebook en el cual defendió la no difusión de la identidad de los contagiados, al tiempo que repasó las carencias y deficiencias del sistema de salud, entre las cuales incluyó el retraso en el pago de salarios al personal.

El comunicado tiene como disparador la confirmación del primer caso de coronavirus de una profesional de la salud: una médica que presta funciones en Trelew y en Puerto Madryn. 

El pronunciamiento, titulado "Todos somos Analía", se reproduce a continuación: 

"Cada persona posee un valor inestimable. Este valor incluye la salud espiritual, mental, emocional y física en la unidad, y en la comunión de todos los individuos. La vida de cada persona tiene una dignidad inherente, que debe ser respetada por todos los demás seres humanos. Por lo tanto, cada persona merece la igual protección de la sociedad y de sus leyes.
Al igual que en los casos de todos los derechos humanos fundamentales, el derecho a la salud impone tres niveles de obligaciones a los Estados: el deber de Respetar, la obligación de Proteger y la obligación de Cumplir. Pero sucede, que ante la ausencia del Estado con una cronicidad que parece irrecuperable, la pandemia que actualmente nos atraviesa deja en superlativa evidencia todas las carencias del sistema de salud que desde hace años naturalizamos.
En este escenario tan desfavorable, se desempeña el equipo de salud, con vocación por supuesto. Pero con todos los excesos y abusos que el sistema impone a la vocación: por vocación, vas a trabajar enfermo porque no hay suficiente recurso humano que te reemplace. Por vocación, compras tus elementos de trabajo para protegerte correctamente (aclaremos: el Estado da equipos e insumos, pero quienes los compran dudosamente se atreverían a utilizarlos por su baja calidad o dudosa seguridad). Por vocación, seguís trabajando sin cobrar por más de dos meses. Por vocación, haces rifas y pedís donaciones para que los pacientes puedan internase en una sala un poco más digna y equipada. Por vocación, infinidad de veces luchamos incansablemente contra un sistema burocrático y enlentecido, que muchas veces no da respuesta en tratamientos, derivaciones y asistencia superespecializada. Por vocación, trabajamos administrando pobreza.
Nosotros, el equipo de salud, somos esenciales. No permitimos que eso se cuestione. Y se lo recordaremos a los políticos de turno (si, políticos siempre en minúscula, como corresponde a su accionar), mientras no muestren un desempeño acorde a lo que exige el derecho a la salud.
Y en este contexto, duro, extenuante, agobiante, de destrato desde el Estado y tantas veces desde la sociedad, trabajamos. Trabajamos con lo que falta, con lo que no alcanza, con lo que sabemos que no es lo mejor, pero es lo que tenemos. Trabajamos con PLURIEMPLEOS, porque para muchos no son suficientes sus haberes. Si algo tenemos claro también, es la desigualdad salarial entre las diferentes administraciones públicas provinciales, quedando salud ampliamente relegada.
Y volvemos a la PANDEMIA…
¿Sabe la sociedad quiénes constituimos los Profesionales de la Salud en la línea de fuego?: Centros de Salud, Servicio de Urgencias, Servicio de Clínica Médica y de Terapia Intensiva y todo el personal afectado: médicos, enfermeros, kinesiólogos, bioquímicos, técnicos y bacteriólogos, radiólogos, mucamas, camilleros, choferes, entre otros.
¿Sabe la sociedad las horas de entrega a nuestro trabajo diario, las condiciones en las que lo hacemos? ¿El tiempo que lleva ponerse y retirarse un equipo de protección personal cumpliendo rigurosamente los protocolos establecidos para evitar contagiarnos?, ¿Cuánto de ese equipamiento fue comprado por nosotros (aún con meses sin cobrar)?, ¿Cuántas horas invertimos en nuestras casas leyendo y actualizando protocolos sobre una enfermedad desconocida?
¿Sabe la sociedad el dolor que llega a los huesos cuando tenés que comunicar una mala noticia? ¿La angustia que sentimos cuando acompañamos a una madre en el dolor y llanto más visceral de despedir a un hijo? ¿Sabe el temor que genera regresar a nuestras casas, sabiendo que podemos contagiar a nuestra familia? Según datos oficiales, Argentina está entre los países con mayor tasa de médicos contagiados. El 14% de personal de la salud infectado es principalmente consecuencia de este trabajo intenso que genera cansancio, agotamiento constante y creciente, resultado a su vez de la sobreexposición a una labor desigual en la cual se evidencia cada vez mayor desamparo tanto en recursos físicos como humanos que nos brinde una adecuada contención.
Y en este escenario expuesto, aparece el primer personal de salud contagiado. Nuestra compañera, que trabaja en primera línea de atención de pacientes internados con coronavirus, con compromiso y dedicación. Detrás de esta situación que claramente ella no eligió, comienza la difusión morbosa y muchas veces mal intencionada en redes sociales de su nombre y apellido, lugares de trabajo y más datos, sin siquiera registrar que en este momento, es una paciente y por lo tanto, es un delito revelar su identidad. Hace unos días, nos aplaudían por héroes, hoy muchos ignorantes, nos señalan como vectores.
Cuánto nos falta crecer como sociedad, cuánto nos falta entender de EMPATÍA, de ponerse en el lugar del otro, ponerse por un rato en sus zapatos para ver como pesan, como duelen.
Es fácil juzgar sin conocer, detrás de la impunidad de las redes sociales. No pedimos aplausos, no los queremos. No somos héroes, pero exigimos respeto. Porque somos personas, somos profesionales de la salud que estamos en la línea de fuego, porque somos NOSOTROS los que vemos los casos sospechosos o positivos, cuando muchos colegas se negaron y se fueron, fueron convocados y no vinieron, o ni siquiera se acercaron a ofrecer su ayuda espontáneamente o por el deber mismo que la profesión les exige. Nosotros ponemos cuerpo y alma arriesgándonos al contagio. Pero ahora además se suma, el descrédito y la estigmatización, como la que tiene que atravesar nuestra compañera que dando lo mejor de sí misma, se contagió.
Nadie puede atreverse a juzgar a un trabajador de la salud en la línea de fuego. Los trabajadores de la salud somos muchos, pero hoy somos uno. TODOS SOMOS ANALÍA".

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