
La distancia entre dirigentes y ciudadanos ya no se mide en votos sino en experiencias que dejaron de compartirse. Carreras hechas puertas adentro del Estado, partidos reducidos a sellos y una política que habla para la cámara explican el desencanto. Pero la otra mitad del problema está del lado de quienes dejamos vacío el lugar.
Artículo de opinión, por Julián Arregui (*)















