
Seis de cada diez argentinos tienen problemas para dormir
Redacción
El Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires difundió los resultados de su relevamiento sobre el estado psicológico de la población argentina, un estudio que el observatorio realiza de manera periódica desde 2019.
La encuesta fue respondida por más de dos mil personas mayores de 18 años de centros urbanos de todo el país, con herramientas clínicas validadas internacionalmente.
Lo que mejoró
El dato más alentador es la tendencia descendente respecto del pico registrado durante la pandemia. La proporción de personas que declara estar atravesando una crisis vital bajó del 51% al 36% en la comparación interanual, y el riesgo de trastorno mental en la población general descendió del 8,7% al 6,5%.
Aun así, más de la mitad de los participantes —el 52,40%— considera que está atravesando una crisis vital, y el 58,69% presenta alteraciones del sueño.
La barrera es económica
El hallazgo con implicancias más directas sobre política pública es el del acceso. Entre quienes no realizan tratamiento psicológico, el 50,05% percibe que lo necesita e informa no poder acceder a él. La principal barrera que identifican es económica.
Es un dato que conviene leer junto con otro que atraviesa todo el informe: persiste una correlación entre menores recursos y mayores niveles de malestar psicológico general. Es decir, quienes más lo necesitan son también quienes menos posibilidades tienen de acceder.
El capítulo nuevo: inteligencia artificial
El estudio incorporó por primera vez indicadores sobre uso de redes sociales e inteligencia artificial. El 97% de los participantes usa redes sociales y el 59% utiliza herramientas de inteligencia artificial.
Los análisis mostraron una asociación entre el uso de IA y mayores niveles de ansiedad y malestar psicológico global.
Acá hace falta una aclaración que el propio estudio subraya y que suele perderse en la difusión: se trata de una asociación estadística, no de una relación de causa y efecto. Que dos variables aparezcan juntas no significa que una produzca la otra. Puede ocurrir que el uso intensivo de estas herramientas genere malestar, pero también que las personas que ya atraviesan malestar recurran más a ellas, o que ambas cosas respondan a un tercer factor no medido.
El propio investigador a cargo señala que se trata de un fenómeno en rápida expansión que requiere seguimiento. Es, por ahora, una pregunta abierta más que una conclusión.
Fuente: Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA), Facultad de Psicología, Universidad de Buenos Aires — "Relevamiento del estado psicológico de la población argentina".




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