
La generación que estudia el 11-S como historia
Redacción
Este viernes se cumplen veinticinco años de los atentados del 11 de septiembre de 2001. La conmemoración en Ground Zero sigue el mismo formato de cada año: desde las 8:40 de la mañana, hora de Nueva York —momento previo al impacto del primer avión contra la Torre Norte—, los familiares leen la lista de nombres de las víctimas. Por la noche, dos haces de luz se proyectan hacia el cielo desde el sur de Manhattan.
Pero el aniversario número veinticinco tiene una particularidad que las instituciones dedicadas a preservarlo empezaron a asumir: la mayoría de la gente a la que hay que explicárselo no estaba ahí.
El número que obliga a cambiar de estrategia
Más de cien millones de estadounidenses no habían nacido en 2001 o eran demasiado pequeños para retener un recuerdo propio de aquel día.
La presidenta del 9/11 Memorial & Museum, Beth Hillman, de 59 años, planteó el contraste en términos simples: muchos de su generación recuerdan exactamente dónde estaban aquella mañana. Para una parte creciente del público, en cambio, el acontecimiento pertenece al mismo registro que Pearl Harbor o la caída del Muro: algo que se estudia, no algo que se vivió.
La institución, que durante dos décadas se concentró en mantener viva la memoria, reorientó su trabajo hacia la divulgación, la educación y la vinculación con las generaciones más jóvenes. Voluntarios formados, incluidos socorristas que participaron del rescate, trabajan con públicos que conocieron el desastre únicamente a través de sus padres o de la escuela.
El problema pedagógico
Explicar el 11-S a quien no lo vivió plantea una dificultad específica, y no es la de la falta de material: hay más imágenes disponibles que nunca.
La historiadora Adriana Barrantes señala que el punto de partida no son las imágenes sino la contextualización histórica. Las torres cayendo son un hecho impactante y fácilmente transmisible; las razones por las que cayeron, y sobre todo lo que vino después, requieren un trabajo distinto.
Comprender el 11-S, sostiene, resulta clave para analizar las tensiones actuales entre Occidente y el mundo islámico, marcadas por las secuelas de la represión, el señalamiento y el aumento de la islamofobia posterior a los atentados.
Ese es el punto que suele perderse. Para quien lo vivió, el 11-S es una mañana. Para quien nació después, es el origen de un mundo: los controles aeroportuarios, la legislación antiterrorista, dos guerras, la vigilancia masiva, la sospecha sobre poblaciones enteras. No es un acontecimiento sino un punto de partida.
Por qué esto no es solo un tema estadounidense
La fecha tiene, además, otra capa en América Latina. El 11 de septiembre es también el aniversario del golpe de Estado en Chile de 1973, un acontecimiento que la región conmemora el mismo día y cuya presencia en la memoria latinoamericana no depende de las pantallas.
Y en la Argentina el 11 de septiembre tiene una tercera marca propia, doméstica y sin relación con ninguna de las dos anteriores: es el Día del Maestro.
Tres capas distintas, la misma fecha. Es un buen recordatorio de que el calendario no es universal, aunque las plataformas que lo distribuyen sí lo sean.
Fuentes: 9/11 Memorial & Museum; agencia EFE; declaraciones recogidas por medios internacionales.



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